Ella se levantó con sus pulsaciones increíblemente aceleradas, sus respiraciones agitadas y extraordinariamente extrañada.
Volteó con curiosidad, para ver quien había sido el sujeto que salvó su vida. Se quedó paralizada al verlo, no lo esperaba.
No era nada mas ni nada menos, que el muchacho de la rosa.
El al verla, así, con vida, y aún junto a él, sonrió satisfecho. Se acercó a ella, para tomar su mano y acariciar su rostro.
- ¿Te encuentras bien? – tomó su mano
Ella, indefensa y tímida, al sentir la calida piel del sujeto, un escalofrío recorrió su cuerpo. Sonrió con un poco de miedo.
- Si, estoy bien – respondió – Muchas gracias
- ¿Por la rosa? – sonrió frunciendo su entrecejo debido al sol
- No hablaba de eso, hablo de salvar mi vida, y… ohm – pausó pensativa – pensándolo bien, gracias por la rosa igual – sonrió
- De nada – dijo él coqueto
Sus miradas curiosas, brillantes y perfectas se cruzaron, conociéndose entre sí. Ella sin pensarlo, se acercó a él, besó su mejilla en forma de agradecimiento.
El sonrió, cerrando sus ojos, se estremeció, ya que un nuevo sentimiento se despertaba en él. Ella suavemente se alejó…
- ¿A que se debe? – preguntó sorprendido
- Una forma de agradecer que me salvaste la vida – sonrió
- No es nada – dijo él nervioso
Ambos callados, se miraron detenidamente. Ella decidió quebrar el silencio
- ¿Cuál es tu nombre? – preguntó
- Michael, Michael Jackson, dime Mike – respondió - ¿Cómo es el tuyo?
- Jennifer, Jennifer Daniells, dime Jen o Jenny – sonrió
- Lindo nombre – dijo él deleitado
- Lo mismo digo del tuyo - agregó
Ella sintió como una fuerte apuntada atacaba su brazo.
- ¡Auch! - su rostro produjo una mueca de dolor
- ¿Qué sucede? ¿Te encuentras bien? – dijo Michael preocupado
- Si, estoy bien – respondió ella – mi brazo me duele, eso es todo
- Si quieres, vamos al hospital – dijo nervioso
- No, tranquilo, estoy bien – sonrió
- ¿Segura? ¿Estas segura? Podemos ir, no hay problema – dijo él atemorizado
Ella lo miró sorprendida, reventó en una dulce carcajada, bajó su mirada mientras reía.
- No pasa nada, tranquilo – dijo ella
- Entiendo, lo siento, estoy nervioso – rió con dificultad en su voz
- Tranquilo – repitió – Bien, gracias por todo – sonrió – debo ir a casa
- ¿Me dejas acompañarte? – dijo él sonriendo
- Claro, no veo por que no – dijo ella sin problemas
- Vamos – sonrió él a gusto con su compañía
Conociéndose cada vez más, caminaron suavemente hacia el hogar de Jennifer. El sin conocerla, sin saber de ella, presentía que algo bueno pasaría, que posiblemente su corazón grite el nombre de la joven. Inconcientemente él, había caído ante los encantos de esa muchacha.
“Me he enamorado de una completa extraña… una hermosa extraña” pensó. Era extraño, pero simplemente bello a la vez para él.
Una vez en la casa de Jen, se despidieron, sin saber que Max, estaba observando la escena desde el gran ventanal del living de la casa de Jennifer.
Michael besó su mejilla suavemente, y abandonó el lugar.
Ella sin vacilar, entró a su casa, tomando su brazo izquierdo, golpeado.
- Llegué – dijo suavemente
- Hola amor – dijo Max aproximándose a ella
- Buenos días amor, que sorpresa – sonrió acercándose a él
El la besó suavemente, con amor y dulzura.
- ¿Quién era? – preguntó separándose
- ¿Disculpa? – dijo sin entender
- Ese sujeto que te acompañó hasta aquí
Ella pensativa respondió.
- Michael, lo conocí hace unas horas
El joven, dudoso y confundido torció la boca. Intentando no poseer celos.
- Cielo, sabes que no soy celoso, pero quiero que me digas donde lo conociste y como – dijo serio
Ella sonrió y tomó su mano
- Si no hubiese sido por él, un enorme Mercedes Benz hubiese pasado por encima de mí – respondió acariciando su cabello
- No comprendo – dijo extrañado
- Salí a caminar, me fui a una calle desierta…
En aquel momento recordó aquella rosa otorgada por Michael ¿Era correcto decírselo a Max? No sabía que hacer, pero por precaución prefirió ocultarlo, aun que, no sirvió de mucho. No quería tener su conciencia pesada, y cuando ella y Max comenzaron su noviazgo, prometieron no guardar secretos.
- Ohm…
- Dime la verdad cariño
- Salí de casa, fui a una cafetería, y él me entregó esta rosa – dijo bajando su mirada hacia dicha flor
- ¿Te regaló una rosa? – dijo apenado
- Si – respondió – Luego, llegué a una calle desierta, si no me equivoco era la calle Chapman, me quedé observando la rosa, y sentí la bocina de un coche, cuando volteé, vi que un Mercedes Benz casi me aplasta – dijo nerviosa recordando la escena – creí que moriría, pero ese muchacho me empujó y gracias a él estoy a salvo – sonrió
- De acuerdo
- ¿Celoso? – dijo ella riendo
- Puede ser – contestó
Ella apoyó sus labios sobre los del muchacho. Lo besó con tranquilidad, sin miedo, uniendo sus brazos alrededor del cuello del joven. Éste la tomo de la cintura, apegándola más a su cuerpo.
- Te amo – dijo ella
- Te amo más – respondió

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