Y así pasaron los años, 3 años exactamente de aquel día. Michael y Jen se habían vuelto muy buenos amigos. Era un sábado por la tarde, nevaba con cautela, Max se encontraba en el médico, pues se sentía extraño y notaba que su sistema inmunológico no estaba de lo mejor, por lo tanto Jen ofreció acompañarlo, pero el rechazó dicha oferta, solo pidió que estuviese tranquila. Por lo tanto, decidió pasar la tarde con su gran amigo Michael.
Minutos después, Jen y su amigo, se encontraban en un parque no muy alejado del hogar de Michael, jugando como dos niños en la nieve, sin medir la temperatura, sin medir la hora, sin medir lugar ni edad. Solo jugar.
Rendidos por tanto correr, frotando sus menos para no perder calor, intentando recuperar el aire, ambos cayeron al suelo.
- Te invito una taza con chocolate caliente – dijo Michael
- Con gusto – dijo ella sonriendo
Caminaron hacia la casa de Michael, con tranquilidad, mientras los copos de la blanca nieve decoraban su cabello.
- ¿Cómo esta Max? – preguntó Michael
- Bien, creo que bien, no lo veo desde hace dos días – dijo apenada
- Ohm… comprendo – dijo sin atención
Al llegar a la casa de Michael, sacó dos barras de chocolate y puso leche en una pequeña charola, la dejó sobre el fuego y dejó su abrigo, sus guantes y su gorro cerca de la estufa.
- Permíteme – sonrió dirigiéndose a Jen
- Ohm, claro – rió entregándole el saco
- Ven
La tomó de la mano y la llevó a su respectiva habitación, al llegar, Michael abrió su closet y de dicho lugar, sacó un óleo, mostrando un bello paisaje en él.
- ¿Te gusta? – dijo entregándoselo a Jen
Ella lo tomó con cuidado, lo contempló unos segundos. En él se mostraba un río, caudaloso y brillante, una pequeña cabaña, color caoba.
Grandes árboles, que al verlo, daba a entender que dicho lugar, era un bosque.
Ella, deleitada alzó su vista y a pocos centímetros se ubicaba Michael, con una sonrisa victoriosa en su rostro.
- ¿Qué te parece? – preguntó
- ¿Qué me parece? – dijo ella
- Si, quiero tu opinión
- Michael, esto es increíble, realmente increíble – sonrió mientras desviaba su mirada al óleo.
- Gracias – sonrió
Se quedaron observando uno a otro. Michael sentía un gran deseo de besarla, de sentir sus labios y hacerle saber que en tres años se había enamorado con locura pura de ella.
El se acercó suavemente a ella. La joven solo miraba sus labios, esperando el momento.
Él la tomo delicadamente de la cintura, asemejó sus labios a los de su prójima, cerró sus ojos para así sentirlos.
- Ohm… debo ir a casa – dijo ella evadiendo la situación
- Pero, no hemos tomado el chocolate caliente – dijo él con gran nerviosismo
- Debo irme, otro día prometo quedarme a tomar una taza de chocolate caliente contigo – sonrió nerviosa
- ¿Lo prometes? – dijo el
- Lo prometo – afirmó
- De acuerdo, te acompaño a casa
- Claro – dijo ella sin problema alguno
Tomaron sus cosas, y sin decir muchas palabras volvieron a la casa de Jennifer.
- Bien, perdón por el chocolate – dijo ella
- Perdón por casi besarte – dijo el sin pensar sus palabras
Ella lo miró sorprendido. No esperaba aquello, no lo hacía. Sin decir una palabra mas, el se acercó y besó su mejilla.
- Adiós Jenny – dijo dulcemente y con timidez
- Adiós Mike
Ella entró tranquilamente a su hogar, al ver la estufa hogar encendida, supo que Max estaba en casa. Ya vivían juntos.
- ¿Amor? – dijo ella
El no contestó, ella intrigada y preocupada al mismo tiempo, colgó su saco en aquel perchero de madera, que se ubicaba a un lado de la estufa.
- ¿Amor? ¿Dónde estas? – preguntó sin obtener respuesta alguna
Se dirigió al cuarto, abrió la puerta con cautela, y suavidad, y allí estaba, allí estaba Max, apoyado contra la ventana. Mirando ver los copos de nieve caer con suavidad.
Ella se acercó a él, y apoyó su mano en la espalda del joven. El suspiró al sentir el calor de la piel de la muchacha. Alzó su vista, así, ella vio como sus ojos se habían bañado en agua salada.
- ¿Amor? ¿Por qué no respondías? – preguntó incierta
- Lo siento, no quería hacerlo – escondió inseguro
- ¿Cariño por que lloras? – dijo rodeando el torso del joven con sus brazos
El sin pensarlo, la abrazó fuertemente de la cintura, la besó con pasión, como sin contar el mañana que se aproximaría, estaba quedándose sin aire, pero no le importó, siguió con aquel beso desesperadamente. Se separó suavemente, para así poder llorar en su hombro.
Por otro lado, ella, intentado recobrar el aire, lo abrazó suavemente de la espalda, intentando captar la situación
- ¿Cariño? ¿Cómo te fue en el médico? ¿Paso algo? ¿Por qué lloras? – levantó suavemente la cabeza del joven
Vio sus ojos color marrón, indefensos, atemorizados, llenos de terror y tristeza. Besó la punta de su nariz con ternura, para luego besar rápidamente sus labios.
- Moriré – respondió él
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