¿Cuantas personitas ven mi blog? :3

martes, 23 de noviembre de 2010

Capitulo 2 - A soul that cries for love

Ella bajó del coche, cerró la puerta con suavidad, como lo hacía con todo. Caminó con tranquilidad hasta la puerta de su hogar. Al abrirla, su madre se encontraba en el sofá.

- Buenas noches madre –  murmuró Jen
- Hola Hija – dijo su madre dulcemente - ¿La pasaste bien? – sonrió curiosa
- Si, una hermosa noche – sonrió

Y sin vacilar, se fue a dormir.

Al día siguiente, su reloj sonaba a las 10:30. El sol iluminaba el alto cielo, la brisa hacía mecer los árboles, el rocío ornamentaba el verde césped.
Ella despertó con una sonrisa, su olfato percibió el olor a lluvia que daba su despedida.
Quitó aquellas frazadas de encima de su delgado cuerpo y se sentó en la cama, estiró sus brazos, bostezó, para luego rascar su cabeza con pereza.
Se preparó para salir, el día estaba excelente para una buena caminata.
Bajó a desayunar, al hacerlo, en la mesa se encontraba su madre Grace y su pequeño hermano Benjamin.

Ella tomó un jugo exprimido frutal con rapidez, y partió una Dona a la mitad, solo ingiriendo un cuarto de aquella mitad. Sin decir mitad de vocablo, se dirigió a la puerta principal, aunque la voz de su madre la detuvo.

- ¿Querida? – preguntó
- ¿Si?
- ¿A dónde vas? – dijo en un sorbo de té
- El día esta increíble madre, saldré a caminar – murmuró
- Entiendo, cuídate – sonrió
- Lo haré, ustedes igual – lanzó un beso al aire, y cerró la puerta

Se dirigió a una cafetería, para poder tomar mejor su desayuno. Dejó su bolso sobre una silla que se encontraba a su lado, con su mano izquierda, corrió su cabello, para que su caída, se produzca en su hombro. El mozo apareció por aquel lugar.

- Buenos días – sonrió elegante - ¿Qué desea?
- Buenos días, quiero un café cortado, y una rebanada de pastel de fresas – sonrió
- En 10 minutos esta listo
- Gracias – dijo ella

Cruzó sus piernas, y apoyó su mentón en su mano, para así, mantener su mirada fija en la vitrina. Ver como multitudes de gente pasaba por aquella peatonal, le encantaba, oír la risa de los pequeños niños que se asemejaban por ese lugar. Una suave voz, captó su atención.

- ¿Señorita?

Ella volteó suavemente, para visualizar a un muchacho de tez clara, y ojos color miel.

- ¿Si? – respondió
- Aquel muchacho de la mesa tres – apuntó con discreción aquella mesa – le entrega esto – le otorgó una rosa

Ella atónita, tomó la rosa entre sus manos, dirigió su mirada a la mesa donde se ubicaba aquel muchacho.

- ¿Se le ofrece algo mas? – dijo el mozo

Ella seguía mirando la rosa, y desviando su mirada al muchacho. Pasó por encima las palabras del hombre.

- ¿Señorita? – preguntó
- Ohm… ¿Si? – dijo volviendo a la realidad
- ¿Algo mas?
- No, puede retirarse si así lo desea, gracias – dijo con amabilidad

Ella estudió rápidamente al muchacho, que la miraba de reojo y algo tímido. Tez mestiza, cabello enrulado y largo hasta los hombros. Una nariz respingada, ojos detenidamente remarcados, profundos, perfectos. Labios muy bien dibujados, carnosos y tentadores. Su mirada se encontraba perdida, suavemente, dirigió su mirada a los ojos de Jennifer, al ver que ambas miradas se cruzaban, el sonrió.
Ella tímidamente, olió la rosa, con docilidad y elegancia.

Decidió abandonar el bar. Tomó su bolso y lo colocó en su hombro. Cruzando su brazo.
Tomó la rosa y visualizó al muchacho por última vez, para así, no olvidar su rostro.
Le otorgó una leve sonrisa y abandonó el establecimiento.

Comenzó a caminar por una calle desolada, sin preocupaciones, empezó a estudiar la rosa, su tallo verde y largo, de unos 25 centímetros, sus pétalos bordó, oscuros como un intenso vino tinto, aquella flor, desprendía un aroma, increíblemente delicioso.
Pensando, una pregunta acorralo su mente

- ¿Cuál es su nombre? – preguntó a la nada

Su mente dispersa, alejada de todo. A lo lejos, aun que cerca a la vez, oyó un bocinazo. Un Mercedes Benz, antiguo y medianamente grande se asemejaba a ella. Era tarde para pensar, era tarde para sentir, era tarde para actuar. Cerró sus ojos, para poder dejar su alma volar.

- ¡Cuidado! – gritó un muchacho

Ella sintió como suaves manos la tiraron a un costado de la calle, así salvando su vida. Su brazo chocó con densidad ante el pavimento, el cuerpo del sujeto que la salvó, cayó sobre el suyo.

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