Mi corazón se detuvo. Joseph mantenía aquella fría mirada que con tan solo dirigirla hacia tus ojos era suficiente para dejarte sin aliento. Su forma matona de tratar a Michael me ponía incomoda… ¿A quién no pondría incomodo un hombre que maltrata a su hijo y lo toma como algo común?
Michael lo fulminó con la mirada.
- No quedamos en irnos ¿Cuándo sucedió todo esto? – dijo Michael iracundo
- Desde que un productor adinerado vio como tocan los Jackson 5 – dijo sonriendo – hace dos horas
- Bueno, entonces que vayan los demás – suspiró – me quedo aquí Joseph, no iré.
- No comiences con tus idioteces Michael. – dijo tapando su rostro
- No son idioteces Joseph. Siempre quieres que yo cante. Pero nunca te preguntas si quiero o no.
Joseph reventó en una carcajada.
- Esto no es tema de lo que quieras o no, niño – dijo cruzándose de brazos.
- No iré – dijo serio
Joseph borró su risa en cuestión de segundos. Lo tomó del brazo de manera cruel y brusca, arrastrándolo lo llevó hacia la puerta, para luego cerrarla de una manera poco delicada. Corrí hacia mi madre. Quien estaba helada, sin saber que decirme. Me abrazó y nos dirigimos a la mesa. En un silencio incómodo comenzamos a cenar.
- ¿Cómo un padre puede tratar así a su hijo? – dije mirando mi plato
- Tranquila cariño, todo estará bien – murmuró mi madre
Di un sorbo de jugo y suspire. ¿Michael se iría realmente? ¿Era posible alejarme de él de dicha manera? Joseph dijo aquello tan decidido, que me costaba descartar aquella posibilidad, y no hacerlo me llenaba de miedo. Era mi mejor amigo, y con él era el único con quien me sentía segura, pero… ¿Cómo seguiría todo si él abandonaba Gary?
Entre dichos pensamientos, volví a la realidad.
- Mami, iré a dormir para poder ver a Michael mañana – sonreí
- Claro ¿Quieres que te arrope?
- No mami, puedo sola – besé su mejilla – buenas noches
Subí a mi cuarto lo más rápido que pude. Apagué todas las luces y observé hacia la casa de Michael. La puerta principal estaba abierta, las luces estaban prendidas, y un auto blanco estaba fuera de la casa con su cajuela abierta.
Observé como Jackie salía de allí con dos maletas, se dirigió hasta el auto y las colocó en su interior. Luego Janet hizo lo mismo, pero con una maleta un poco más pequeña. Observé que Michael luego hizo algo parecido, pero con un abrigo, su rostro no demostraba más que indignación. Ya estaban por partir.
Mi corazón sintió un terremoto al saber aquello. Con un gran desespero, tomé mi abrigo y bajé las escaleras rápidamente. Mi madre me detuvo…
- Cariño ¿No ibas a dormir? – dijo incierta
- Si mami, lo sé, pero Michael esta por irse o al menos eso creo, debo detenerlo – dije sin aire
- Cariño, es tarde y debes dormir
- Lo sé, lo sé, lo sé, lo sé – dije nerviosa – Mami, déjame ir a despedirlo aun que sea – dije casi en lágrimas
- Cariño – suspiró
- Por favor – dije ya rendida
- Que sea rápido.
Me dirigí a la puerta y en una corrida llegue a la casa de Michael, para mi suerte, Katie estaba allí. Me acerqué a ella, visualizando el lugar, para ver si Michael estaba por ahí.
Al verme, Katie sonrió y se arrodilló para quedar a mi altura.
- Hola Madeleine – dijo dulcemente
- Buenas noches Señora Jackson – dije agitada - ¿Podría ver a Michael?
- Claro, estamos por irnos – dijo ella
- Si, lo sé… - dije apenada
En ese momento un auto negro se estacionó por el lugar. De él, bajo un hombre negro y robusto, él y Katie se hicieron a un lado, para hablar de quien sabe qué. Observé que de la puerta salía Michael con una maleta. Al verme, se apresuró y dejo aquella maleta en la cajuela del vehículo negro. Al terminar, se acercó a mí.
- Madeleine – me observó
- Michael – dije nerviosa - ¿Qué pasa? ¿Te vas? ¿A dónde? ¿Por qué? – dije entre sollozos.
Me observó y tomó mis manos. Besó mi mejilla y dirigió nuevamente su profunda mirada a mis ojos.
- Debo irme – dijo él
- ¿A dónde? – pregunté
Comencé a desesperarme y a llorar. Saber que se iría comenzaba a torturarme. Dejé que mis lágrimas fluyeran.
Sus hermanos y hermanas salieron de la casa, ambos se repartieron entre los dos automóviles. Joseph salió detrás con una mirada orgullosa y con una sonrisa de victoria. Lo observó a Michael, y le hizo señas de que se dirigiera al auto. Michael inclinó la cabeza en señal de espera.
- Quédate conmigo Michael, no me dejes – dije llorando
Él me observó, noté que sus ojos estaban a punto de llorar. Sin pensarlo se acercó a mi torpemente, mi nariz y la suya rozaban… su aliento sobre mi rostro me paralizaba. Me besó, para así, dejar aquella imagen impregnada en mi mente… la imagen de mi primer beso.

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