Ella se quedó inmóvil ante dichos vocablos. Volteó para ver a Michael, al hacerlo, él estaba a escasos centímetros de ella. Ella estudió el rostro de Michael, un enorme escalofrío recorrió todo su cuerpo, debido a que notó la gran belleza que Michael poseía, se estaba enamorando y era claro.
Michael se acercó a ella delicadamente, sin miedo, con seguridad. Ella sin saber que hacer bajó su mirada, un temblequeo fijo en sus manos, sus respiraciones agitadas.
Michael tomó su mentón, y lo levantó suavemente, miró sus ojos, brillando como dos piedras preciosas.
Michael se acercó a ella, dispuesto a besar sus labios… Sin embargo...
- ¿Café? – murmuró ella
El confuso respondió
- Ohm… de acuerdo – dijo nervioso, y confuso. Habían tomado café hacía menos de quince minutos.
Ella se alejó con su mirada baja, dio una bocanada de aire y se puso de pie. Se dirigió a la cocina, para preparar dos tazas de café.
Mientras tanto, las manos de Michael comenzaban a temblar, los nervios lo comían en vida. Tomó aire e intentó tranquilizarse. Al cabo de 5 minutos, Jennifer volvió con dos tazas de café.
- ¿Con azúcar? – sonrió
- Tres – rió
- De acuerdo – dijo mientras tomaba el azucarero y endulzaba aquel café
La tensión se sentía en aquel lugar, sin embargo, Michael sacó un tema, soberanamente sin sentido.
- ¿No tienes perro? – preguntó
Ella sonrió
- No – respondió
- Puede hacerte compañía – sonrió
- No, me gusta estar sola – rió entregándole la taza de café a Michael
- ¿Eso es una indirecta para que me vaya? – murmuró apenado
- No – rió – es solo un comentario
- Comprendo – dijo perdiéndose en los ojos de la joven
- ¿Cómo esta tu familia? – preguntó ella
- Bien, hablé con mi madre hace una semana – sonrió orgulloso – están bien
- ¿Cómo son? – preguntó intrigada
- Bien, Mama es la perfección humana, siempre estaba para mí, siempre con una sonrisa dispuesta a ayudar. Mi padre es un hombre muy trabajador, afectuoso y muy sabio. Mi hermana Carie es tímida, pero alegre, es muy reservada.
- Linda familia – sonrió
- Si – afirmó entre un sorbo de café
Se quedaron en un silencio medianamente incomodo. El cual Michael rompió con una pregunta bastante melancólica.
- ¿Cómo se conocieron?
- ¿Disculpa?
- Tú y Max
Ella bajó su mirada, nerviosa, pero intentando recordar, suspiró
- Fue el 24 de mayo de 1981 - murmuró
- ¿Hace 7 años? – murmuró
- Si, fuimos amigos 4 años, pero al cuarto año, nos dimos cuenta que era algo más fuerte
- Ohm… prosigue – dispuesto a oír
- Yo estaba en una fiesta en la playa, unos amigos me lo presentaron, comenzamos a conocernos y me enamoré perdidamente – sonrió con su mirada apenada
Michael sintió como su corazón se estrujaba al oír aquellos vocablos, sin embargo, disimulo aquello de una manera poco notable.
- De acuerdo – sonrió apenado
- ¿Estas bien? – preguntó
- Si – mintió, para hundirse luego, en un largo sorbo de café
- Comprendo – suspiró.
Ambos se quedaron paralizados, sin habla, casi sin respirar. La situación después de aquel acercamiento era bastante incomoda. Sin embargo, la campanilla del teléfono, los volvió a la realidad.
Ella se levantó lentamente, se dirigió al teléfono, lo alzó y lo colocó en su oreja, al hacerlo, apoyó su delgado cuello en la muralla.
- ¿Bueno?
- Jennifer, soy Grace, la madre de Max – murmuró una mujer
- ¡Grace! ¡Hola! ¿Cómo esta? – preguntó sonriendo
- No muy bien, llamaba para informarte algo – dijo secamente
- ¿Qué sucedió? – murmuró
- Llamaba para avisarte que Max acaba de morir…
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