El se sorprendió, dio una gran bocanada de aire y tapó su rostro, avergonzado. Al ver que ella aún dormía, su alma le volvió al cuerpo. Las manecillas ya marcaban que la medianoche brillaba en su presencia.
Michael, algo nervioso, despertó a Jennifer.
Ella abrió los ojos y sonrió.
- Hola – dijo ella dulcemente
- Es tarde, debo ir a casa – dijo alterado y poniéndose de pie
- ¿Michael que sucede? – murmuró ella
- Es tarde, eso… eso es… eso es todo – dijo nervioso y tomando su abrigo
Ella algo confundida lo tomó de la mano y lo pegó hacia ella. Sus miradas no se cruzaban, debido a que la de Michael se encontraba en los suelos. No se atrevía a mirarla a los ojos, aquel beso lo había vuelto más loco de lo que antes estaba. Solo quería tomarla entre sus brazos, besarla, amarla y que ella… fuese solo para él.
- Mírame – dijo ella
- Es tarde, adiós – besó su mejilla y volteó
Sin embargo, ella lo volvió a su lugar, con un tirón.
- Mírame – insistió
- No puedo – dijo él
- ¿Por qué no? – dijo ella dulcemente
- No me atrevo – respondió
Ella alzó el mentón de joven, y entusiasmo al joven a mirarla fijamente a los ojos.
- ¿Por qué tan nervioso? – sonrió
- ¿Nervioso? ¿Yo? ¿Yo nervioso? Yo no estoy nervioso – dijo él ya sin disimular
- Si lo estas – se acercó a él aún más
- No es cierto
- Si lo es
- No lo es
- Si lo es – insistió ella
- No lo es – negó el
- Si lo es
- ¡De acuerdo! – dijo el, irritado
- ¿Por qué estas nervioso? – preguntó
- Por que – pausó – nada, quiero irme – dijo apenado
Ella pasó su mano por la mejilla de Michael, sonrió con ternura.
- Quiero que me digas que pasa
- No sucede nada Jenny, no te preocupes
- Si, algo sucede y quiero que me lo digas
- Quiero irme, déjame ir por favor – imploró
- Sencillo, dime y luego te vas
- No
- ¡Michael! – dijo ella irritada
- ¡De acuerdo! – Revoleó sus ojos – Soy un aprovechador ¿Entiendes eso? – dijo él apenado
- ¿Por qué lo dices? – pregunto ella
- Déjame ir – repitió
- No entiendo
- ¡Soy un aprovechador! ¡Pienso que por que Max se fue puedo tener una oportunidad contigo! ¡Pienso que podremos estar juntos! ¡Por que me gustas, estoy enamorado de ti, te amo y eres en quien pienso día y noche! – volteó alterado mientras colocaba sus manos en la cabeza
- Michael tu me…
- Y ahora como debes odiarme, me voy a casa – dijo nervioso
Tomó su saco y se dirigió a la puerta, dejando a la joven paralizada tras él
- Adiós Jennifer – bajó su mirada y salió de la vivienda al fin
Ella, paralizada, confusa e increíblemente atónita, colocó su mano en su frente. No entendía que era lo que sucedía, un gran escalofrío recorrió su cuerpo al oír las palabras de Michael. Su forma de pensar cambió por completo. ¿A caso estaba sintiendo algo por Michael? ¿Los deseos de Michael se harían realidad?
- No puedo creer esto – dijo a la nada
Por otro lado, Michael, se encontraba en una avenida desierta, cerca de ubicaba un parque. Fue hacia dicho lugar, se sentó en una de las tantas bancas que había, sin importarle la nieve, el frío, la noche, la oscuridad, el peligro, solo quería que la soledad, sea su única compañera.
Lágrimas de cristal comenzaban a desbordarse de sus ojos.
Amaba a Jennifer con locura, con pureza y sin control, estaba decidido a dar su propia vida por ella.
Temía que ella ya no quisiera nada con él, ni siquiera una simple amistad.
Se sentía un completo estúpido, al haber dicho la verdad sin antes pensarla. Diez minutos después, sintió el frío de la blanca nieve, se colocó su abrigo y se dirigió a casa. Tomó un poco de café, para luego irse a dormir tranquilo.
Jennifer, aún confundida, intentaba conciliar el sueño. Algo imposible en cierto modo, para dicho momento.
Se dirigió a la cocina, tomó un vaso de agua, y regresó a la cama. Era inexplicable lo que sentía, aún amaba a Max, con locura y con pasión. Pero luego, cada vez que pensaba en Michael, empieza a temblar y su mente se desordena en cuestión de segundos.
- ¡Dios! ¿Qué demonios me sucede con este muchacho? – pensó
Ya no soportaba no escuchar la voz de Michael. Por lo tanto decidió llamarlo. Marcó el número intentando ser paciente.
Los ojos de Michael rozaban para dormirse al fin, cuando oyó la campanilla del teléfono.
- Demonios – dijo cansado
Prendió la lámpara y levantó el teléfono
- Habla Michael – dijo bostezando
- Quiero verte – dijo Jennifer
- ¿Quién eres? – dijo espantado
- Jennifer – respondió ella

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